
La calle se llama Amsterdam, nuestra esquina era entre Amsterdam y Michoacán. Como testigo el Parque México que guarda y guardará para siempre todos esos secretos entre tú y yo.
La primera vez nos vimos ahi, por el 97, yo me iba a Los Cabos y como consuelo me quedaba una cita contigo en domingo muy temprano, 7:30 am, para que nadie nos viera, para que nadie se enterara, apenas tenía hasta las 9.
Tú llegaste en alguno de los muchos autos que conocí y me dejaste una carta como regalo. Camino a mi casa todavía buscaste interceptarme por la calle de Popocatépetl, bajaste del coche y me besaste por última vez antes de que me fuera, y la despedida fué el comienzo de todo.
Siempre estacionados en el circuito como si fueramos corriendo una carrera, caminabamos por el parque y en muchas tardes creamos todas nuestras historias.
Entre los árboles , los patos, la fuente y el puente aceptaste quererme como nunca nadie y en ese mismo escenario aceptaste no quererme más, todo, con sus intermedios para recuperar fuerzas.
Inmersos en una carrera que duro algunos años (ya no digo cantidades). Nuestros años de felicidad fueron las tardes frente al edificio rosa, las tardes en que aprendí la forma de tu boca eran a una cuadra de la casa de aquella actriz (Nailea); las peleas y las despedidas sobre Av. México enfrente al hombre que cada fin de semana montaba el brincolín y mientras las lágrimas corrian por mis ojos veía frente a mi a muchos niños saltar y ser libres mientras yo me deshacía por dentro.
A veces salía de casa y atraída por un imán llegaba al parque y recorría cada adoquín y recordaba...
La primera vez nos vimos ahi, por el 97, yo me iba a Los Cabos y como consuelo me quedaba una cita contigo en domingo muy temprano, 7:30 am, para que nadie nos viera, para que nadie se enterara, apenas tenía hasta las 9.
Tú llegaste en alguno de los muchos autos que conocí y me dejaste una carta como regalo. Camino a mi casa todavía buscaste interceptarme por la calle de Popocatépetl, bajaste del coche y me besaste por última vez antes de que me fuera, y la despedida fué el comienzo de todo.
Siempre estacionados en el circuito como si fueramos corriendo una carrera, caminabamos por el parque y en muchas tardes creamos todas nuestras historias.
Entre los árboles , los patos, la fuente y el puente aceptaste quererme como nunca nadie y en ese mismo escenario aceptaste no quererme más, todo, con sus intermedios para recuperar fuerzas.
Inmersos en una carrera que duro algunos años (ya no digo cantidades). Nuestros años de felicidad fueron las tardes frente al edificio rosa, las tardes en que aprendí la forma de tu boca eran a una cuadra de la casa de aquella actriz (Nailea); las peleas y las despedidas sobre Av. México enfrente al hombre que cada fin de semana montaba el brincolín y mientras las lágrimas corrian por mis ojos veía frente a mi a muchos niños saltar y ser libres mientras yo me deshacía por dentro.
A veces salía de casa y atraída por un imán llegaba al parque y recorría cada adoquín y recordaba...
Tantas tardes soleadas, tantas tardes de lluvia, sonrisas, lágrimas, en nuestro propio círculo, en nuestro propio hipodromo, corriamos nuestra carrera.
Recuerdo que después de romper en esa misma esquina, volvimos una y otra vez y tú me prometiste cambiar y yo prometí volver a ser la misma de antes. Otro día después de muchos besos, te marchaste a Acapulco.
Cerca del edificio rosa, te vi llorar un par de veces.
En ese mismo circuito empece a manejar y te enojabas cuando no cruzaba el tope de Av. México frente al Colegio de Gastronomía.
Sobre Amsterdam y Michoacán me baje de tu coche y tú te arrancaste dejándome en medio de la nada, algunas veces te encontré unas cuadras después otras tuve que volver sola a casa, enloquecida, llena de rabia y dolor.
Era el lugar ideal para leer las cartas, para poner apodos, para intercambiar regalos, era el lugar secreto, el de los instantes y nunca nadie nos descubrió.
Hace bastante tiempo que no paso por ahí, hace bastante tiempo que no pienso en el parque México, hace bastante tiempo que ya no pienso en nada , en nada que tenga que ver con esas tardes. Pues de nada sirve recordar que perdí la carrera , cuando lo único que teníamos que hacer era dar la vuelta juntos como tantas tardes, pero un día arrancamos los autos y cada quien tomo un sentido distinto.
El edificio rosa, el brincolín, las bancas de casita y tronco, los patos, el puente, la fuente, los perros, los letreros de conservación, el adoquín, todo sigue, menos tú y yo.
Nos salimos del circuito, ahora cada quien corre en su propia pista, en otros parques, en otros cuerpos, en otras carreras... hacia la nada.
Susannah.
Recuerdo que después de romper en esa misma esquina, volvimos una y otra vez y tú me prometiste cambiar y yo prometí volver a ser la misma de antes. Otro día después de muchos besos, te marchaste a Acapulco.
Cerca del edificio rosa, te vi llorar un par de veces.
En ese mismo circuito empece a manejar y te enojabas cuando no cruzaba el tope de Av. México frente al Colegio de Gastronomía.
Sobre Amsterdam y Michoacán me baje de tu coche y tú te arrancaste dejándome en medio de la nada, algunas veces te encontré unas cuadras después otras tuve que volver sola a casa, enloquecida, llena de rabia y dolor.
Era el lugar ideal para leer las cartas, para poner apodos, para intercambiar regalos, era el lugar secreto, el de los instantes y nunca nadie nos descubrió.
Hace bastante tiempo que no paso por ahí, hace bastante tiempo que no pienso en el parque México, hace bastante tiempo que ya no pienso en nada , en nada que tenga que ver con esas tardes. Pues de nada sirve recordar que perdí la carrera , cuando lo único que teníamos que hacer era dar la vuelta juntos como tantas tardes, pero un día arrancamos los autos y cada quien tomo un sentido distinto.
El edificio rosa, el brincolín, las bancas de casita y tronco, los patos, el puente, la fuente, los perros, los letreros de conservación, el adoquín, todo sigue, menos tú y yo.
Nos salimos del circuito, ahora cada quien corre en su propia pista, en otros parques, en otros cuerpos, en otras carreras... hacia la nada.
Susannah.
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